DESTINO, CIUDAD DEL CABO

Tras varios meses de trayecto en su propósito de llegada a Ciudad del Cabo, retomamos las andaduras de Charly Sinewan desde el ecuador hasta el final de esta sorprendente etapa. La aventura continúa…

Continuamos con nuestro aventurero de las últimas semanas Charly Sinewan, a quien dejamos en Benin en el último relato. A continuación, les ofrecemos el final de una etapa Madrid-Ciudad del Cabo que para nada ha sido tarea fácil. Una etapa que se complicaba a medida que avanzaba la historia, incluso hasta límites insospechados. Seguimos:

Vuelta-al-Mundo-en-Moto-Sinewan.-Etapa-2

 

Nigeria.

Quizás el paso por Nigeria haya sido uno de los más duros por los que Sinewan ha tenido que pasar a lo largo de su etapa. Todo comenzó con la entrada al mismo país, algo que se prolongaría hasta la salida del mismo. Un aviso de que la vida en Nigeria no es nada fácil, un país en el que reina el miedo, la corrupción y la pobreza, algo que Charly no esperaba que fuera tan radical, llegando a temer por su integridad.

Difícilmente consigo avanzar unos metros en las colapsadas calles de Lagos, ciudad súper poblada y peligrosa. No tengo pasta ni gasolina, y no encuentro un puñetero hotel donde sentirme a salvo. El sol cae y los tonos de la tarde embellecen, pero mi destino cada vez parece más feo… A su llegada a la frontera, Charly encuentra el primer mal trago de los que le depararía Nigeria, no le dejan pasar. En un país de sobornos como éste, las restricciones están excesivamente regularizadas, tanto que casi le cuesta su reloj.  “¿Puedo irme?”, pregunto, “sí”, asiente despectivo el poli mientras se remanga la camisa mostrando su muñeca. Quiere mi reloj, pero nunca uso ni se me ocurriría cruzar una frontera con uno puesto. Me empieza a cachear disimuladamente, finge sentirse atraído por las protecciones de la chaqueta pero busca toparse con algún objeto que calme sus corrupta voracidad. No encuentra nada, así que me quita el casco. Comienza a acariciarlo dándolo vueltas sobre sí mismo. Una experiencia que califica como la peor frontera de su vida sin ninguna duda. A lo hosco del lugar, y al habitual tufo corrupto de siempre, se une el bullicio generado por un continuo tránsito de camiones, furgonetas, coches, y millones de motos que van de un lado a otro. Una odisea en toda regla. Finalmente consiguió pasar y alojarse en una casa de citas, donde pasó la primera noche en Nigeria. Sin embargo, algo positivo despierta la atención de Charly en su estancia en el país, el buen trato de los nigerianos. Algo que contrasta con los problemas que tuvo para entrar, sí, pero lo cierto es que en Nigeria no están demasiado acostumbrados a los turistas, de modo que Sinewan afirmó sentirse de una manera especial. Todos estaban pendientes de él, de enseñarle su cultura, sus comidas y tradiciones.   Lo bueno, por no decir excelente, es todo lo demás. Ser el único blanco de un lugar te hace especial, todos quieren hablar contigo, agasajarte, mostrarte las bondades de su país, de su comida o de sus costumbres. La inexistencia de turismo hace que lo que ves sea lo que es, no hay trampa ni cartón, nadie espera mis dólares para poder subsistir. La presencia de extranjeros de vacaciones siempre provoca que se genere una economía entorno a ellos que termina desvirtuando la realidad. Por eso viajo en moto, porque llego a sitios donde veo cosas que con un macuto o una Samsonite dura es imposible ver.

Posteriormente, con su visita a Calabar, empieza a conocer Nigeria por dentro, la cual le deja una imagen mucho más positiva de lo que se le ofreció en un principio.

CAMERÚN:

A las dos de la tarde Charly Sinewan dejaba Nigeria para adentrarse ahora en Camerún, como el mismo dice, “tierra de camarones”, una experiencia que desde primer momento siempre transmitió buen rollo a nuestro viajero.

Nada que ver con las fronteras de Nigeria, Camerún era mucho más tranquila. Tanto es así que hasta en una correduría de seguros le ofrecen alojamiento, una experiencia digna de recordar en la que Sinewan deja grabada en su recuerdo y su cámara. Tras la anécdota la fortuna me sonríe y apenas llueve en las cuatro horas largas que dedico a completar los doscientos kilómetros escasos de pista. Es un camino que atraviesa un paisaje de intensos verdes y suaves colonias, cruzando varios ríos y alternando entre tierra seca y barro. La pista a ratos se hace incómoda pero en otras ocasiones permite rodar a ochenta kilómetros por hora. El CDP de Charly caducaba ese mismo día, no había tiempo para distracciones y la meteorología respetó.

Poco a poco, pasando por Kumba, llega a Buea, donde tomaría alojamiento para poder escribir lo que había sido un viaje a contrarreloj.

Finalmente, llega a Yaoundé, capital de Camerún, a la que califica como una ciudad “tranquila”. No es la peor ciudad africana, ni  la más bulliciosa, ni la más caótica, ni siquiera parece peligrosa. Incluso de noche se puede pasear según por qué barrio, pero no deja de ser una ciudad y por tanto siempre hay que protegerse. Tras 250km, consigue llegar a Kribi. Kribi es un pequeño pueblo fundado por los alemanes en la desembocadura del río Loebe. A ambos lados de ésta se extienden dos lenguas de arena blanca, ideal para turistas de diferentes colores de piel que alegran el paladar con la buena pesca que merodea por la costa, por unos pocos francos. Una vez allí, llama a Santi, un conocido que trabajaba en un proyecto en Kribi y que le supuso una gran ayuda en su estancia. descarga (2)

CONGO:

Cuatro días en Libreville y ya estoy de nuevo en ruta. Me dirijo a Cape Town, pero no sé si llegaré a tiempo o tendré que buscar un lugar de emergencia donde dejar la moto. Tengo que cruzar Congo Brazzaville, Congo Kinshasa, Angola, Namibia y la costa oeste de Sudáfrica. Veremos qué tal se me da.

3 de Agosto de 2012, Llego a Lambarené sobre las cuatro de la tarde. La primera jornada ha sido corta, creo que menos de 300 km por asfalto. Tras varios días de interrupciones, Charly pone rumbo al Congo. Salgo a las doce apurando hasta el último minuto el hotel. A la salida del pueblo se acaba el asfalto. La pista no es muy mala, circula por una llanura que ha dejado de ser trópico, una especie de sabana algo más frondosa que la del norte de Gabón. Dos horas después llego a Ndende. Son las dos de la tarde, un cartel indica cuarenta y ocho kilómetros hasta la frontera con Congo. Eso supone entrar y poco más, teniendo que acampar en cualquier sitio. A su llegada al Congo se encuentra con un gran impedimento, hay elecciones en el Congo y no se puede pasar por la frontera. Tras varias negociaciones consigue pasar, los viajeros estaban exentos de dichas restricciones y puede alojarse en un hotel en el centro, eso sí, la moto no pasa. Prohibir a la moto de Charly es prohibir a Charly, ambos componen una misma unidad, por lo que decide vovler a Gabón. Finalmente, y pasado un tiempo, la incrusión en el Congo se hace posible, y la estancia no fue demasiado prolongada. Había mucho camino por recorrer hasta Ciudad del Cabo, muchos km y muchas experiencias le esperaban. Pasando por Dolisie y Mindouli su próxima para se centraba en Congo Kinshasa.

CONGO KINSHASA:

El Congo Kinshasa, destino próximo de nuestro motero, le dejaría alguna que otra sorpresa. Poco tardó en llegar la primera, aún sin adentrarse en el país, cuando durante su trayecto en moto Charly vio como le apuntaron a punta de metralleta.  Antes de que apunte, le amenazo con una enorme sonrisa que parece relajarle parcialmente. – Bonjour agente!, ¿es esta la frontera con Congo Kinshasa?- El adolescente, que viste pantalón militar y camiseta negra sin mangas, sigue sin dar crédito a lo que ven sus ojos. – Sí, pero tiene que acompañarme con la moto-  Algo hacía pensar que el trayecto no sería del todo fácil. Una vez en el país, la experiencia, aunque corta, no fue ni mucho menos dramática. En estos momentos no me cambiaría por nadie. Estoy en una diminuta aldea en Congo, con mi moto a unos metros y hablando por mímica con unos simpáticos tipos que se interesan por saber qué hago allí y dónde coño voy solo con semejante artefacto. Qué agradecido estoy de haber conocido a Jota en Camerún y haber cruzado por aquí, estas experiencias son las que siempre recuerdo después, las que me han hecho adicto a viajar en moto por el mundo.

Un rato después me despido y cruzo la barrera bordeándola por un nuevo sendero que permite saltársela sin problemas. Ya estoy en la República Democrática del Congo, ese temido país colonizado cruelmente por los cabrones de los belgas del XIX. Una vez adentrado en el Congo, tocaba pasar el mítico río del Congo, un lugar impresionante, el cual todos hemos oído hablar de él en alguna ocasión, aunque no es lo mismo contarlo que vivirlo. Una experiencia única que asombró a nuestro protagonista, pero no hay tiempo para demasiados deleites, en periodismo el tiempo es oro y Angola espera.

ANGOLA:

Pista-Tanzania63 de septiembre de 2012. Tras unas horas complicadas retenido en la frontera consigo salir dirección Luanda. Escolta policial hasta aterrizar en una misión católica en la que acampo unos días.

Con una salida más que complicada del Congo donde tuvo que intervenir hasta la embajada española. Tal vez el deseo de salir y que se aclarase el malentendido o bien la ilusión por eguir con el viaje ha llenado a nuestro viajero de ganas y motivación. Angola me recibe especialmente bien. La carretera de asfalto perfecto circula por una cordillera de suaves colinas verdes, que pierden poco a poco la intensidad del trópico. Atravieso pequeñas y tranquilas aldeas de adobe y barro rojizo, y un profundo buen rollo me entra en el cuerpo. Es la droga de superar fronteras y adentrarte en un nuevo país.  Tras un largo recorrido consigue entrar en Luanda por la costa. Luganda parece no tener fin, dimensionalmente es enorme por lo que salir de allí se hizo pesado y costoso.

LLEGADA A CIUDAD DEL CABO:

Finalmente, siguiendo la costa, llega a Ciudad del Cabo. Ha sido un largo y duro viaje, plagado de experiencias, algunas divertidas, otras no tanto e incluso en ocasiones se ha llegado a palpar el miedo en el ambiente. Lo que sacamos en claro es que África es un continente muy dispar. Ciudadanos alegres, amables y colaboradores con todo viajero sin excepción alguna. Un trato encantador por parte de la gente que compone un país en el que la corrupción y el miedo están a la orden del día. Quizás esa sea la principal cara negativa que nos deja África desde este punto de vista. La pobreza de sus gentes no concuerda con la simpatía y generosidad de los mismos. Tras esto, y varios meses sobre las dos ruedas, Charly regresa a Madrid, preparado para un nuevo proyecto que esperemos sea tan interesante como éste. Espera América.

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